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Parque Nacional Sierra de San Pedro Mártir, 7 decadas dedicadas a la conservación

El más antiguo Parque Nacional de Baja California celebra 7 décadas dedicadas a la conservacion. Fue en 1947, el día 21 de febrero, cuando el Presidente Miguel Alemán Valdés, expidió el decreto de creación como Parque Nacional “a las montañas que forman la Sierra de San Pedro Mártir, en Ensenada, Distrito Norte de la B. Cfa., y que se destinarán a la conservación perenne de la flora y la fauna comarcanas”, publicado esto en el Diario Oficial de la Federación el 26 de abril de ese mismo año.

Desde tiempos ancestrales, diversos grupos humanos disfrutaron de los recursos que ofrecía esta cordillera. Para el pueblo Kiliwa, fue una parte toral de su cosmovisión;  Matipa, uno de los principales seres míticos de esta cultura, quiso formar el cielo con un fragmento de su piel, que deposito sobre las cuatro grandes montañas, pero tuvo problemas con su objetivo pues su “cuero” no se ahuecaba, para solucionarlo tuvo la idea de crear al Topo, para que excavara. Con la tierra que este saco formo esta serranía, sobre la que puso su piel,  El Topo paso por debajo y empujo con sus manos hacia arriba la piel y finalmente la bóveda celeste fue formada. La sierra fue una de las fuentes de piñones, bellotas, venados, entre otros elementos importantes para su subsistencia durante sus ocupaciones estacionales.

Al inicio del periodo misional, en 1702,  el jesuita Eusebio Francisco Kino, identificó a las altas montañas que veían desde el Golfo de California como la sierra nevada. 

Frailes de la orden Dominica fueron quienes fundaron la Misión de San Pedro Mártir de Verona, en el año de 1794. Esta tuvo dos asentamientos, el primero a más de 1,700 metros sobre el nivel del mar, en el paraje conocido como Casilepe,  tuvo una breve duración debido a las bajas temperaturas. Por este factor, el segundo asentamiento se estableció en el paraje de Ajantequedo,  a una altura  600 metros menor que el anterior sitio, en donde había un mejor clima, además de abundante agua y pastos para el ganado.  Este sitio funciono hasta 1806 pero el nombre del establecimiento quedo para toda la sierra.

A finales del siglo XIX diversos exploradores, naturalistas y cazadores recorrieron este territorio.  El destacado botánico, Townshend S. Brandegee de la Academia de Ciencias de California,  en la primavera 1893, recolecto una muestra importante de especies vegetales, dando cuenta de los últimos remanentes de la Provincia Florística de California además de notar los endemismos desarrollados en estas latitudes. El Aventurero Theodore S. Van Dyke, relata que hacia mediados de 1897 llego a la altura de 9 mil pies y “el Picacho” seguía elevándose aun por encima de él, haciendo notar que “ningún mortal” lo había escalado hasta entonces.

A 71 años de su creación, esta área natural protegida además de los servicios ambientales que proporciona como la captura de carbono, el oxígeno o la recarga de las cuencas hidrológicas junto con la investigación científica que se genera en el Observatorio Astronómico Nacional,  es una espacio para el deleite de los Baja Californianos que esperamos sigan fomentando su conservación y preservación  “como  un verdadero museo vivo de la flora y la fauna” tal como fue la intención al crearlo.

 

Sobre el autor

Horacio González Moncada

Estudio la licenciatura en Historia en la Universidad Autónoma de Baja California. Actualmente labora en el área de Servicios Culturales a la Comunidad del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH). Fue productor y guionista del documental Sukuin-Shukuin: Historias de Creación(2011)y. del cortometraje de animación Día de Pesca (2010). Presidente del Seminario de Historia de Baja California ciclo 2018-2019

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