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¿Qué culpa tiene Karla?

Hace una semana, camino a la universidad, escuché en la radio la denuncia de violación que hizo la actriz Karla Souza en entrevista con Carmen Aristegui. Su voz vacilante hacía pausas con muletillas para lograr pronunciar lo que le había ocurrido. Le costaba trabajo llegar a su mensaje, “me violó”.

 

Ella misma lo decía: “es que me cuesta” y sí, cuesta mucho pronunciar las cosas por su nombre y rechazar la maraña social que nos dice que somos las mujeres las culpables de ser violadas. Más difícil aún cuando la violación no cumple con el imaginario colectivo de que sucede en un rincón nocturno después de ser dopadas con alcohol o drogas y la víctima grita mil veces por favor no. Una violación es abusar sexualmente de una persona que no quería estar ahí o no estaba en las condiciones para poder consentir.

 

Es complejo también, darnos cuenta que la única persona culpable en esa situación es el agresor debido a que todavía no tenemos el privilegio de ocupar el espacio público y vestinos libremente –como los hombres lo hacen- sin sentir miedo por nuestra integridad. Es increíble que después de que Karla diera su testimonio, se disparara un absurdo debate en la opinión pública que la revictimizó y cuestionó. Que por qué tardó tanto tiempo en declarar lo ocurrido, que por qué no decía el nombre del agresor o que por qué no puso un alto en su momento. Al final, parecía que el tema central era cuestionar a Karla y no al violador y mucho menos al sistema patriarcal que permite que este tipo de situaciones continúen todos los días en cada uno de los espacios públicos y privados de las mujeres.

 

El caso Souza para nada es un asunto aislado, según datos del INEGI, el 66,1% (que evidentemente la cifra es mayor) de las mexicanas han sufrido al menos un abuso de violencia emocional, económica, patrimonial, física o sexual. Pero el 88% de las víctimas de los últimos dos tipos no denuncian ¿por qué? por dos grandes motivos: El primero es que se nos ha enseñado a que si nos pasa algo malo que involucre nuestro cuerpo, es nuestra culpa. Nos cuesta entender que si sufrimos cualquier tipo de agresión, el único culpable es el agresor mismo.

 

El segundo es que cuando tomamos conciencia de que hemos sido víctimas, el sistema patriarcal y sus raíces como el Estado, la iglesia, la familia y la sociedad, lejos de brindarnos apoyo, nos revictimiza y cuestiona para hacernos sentir que lo mejor hubiera sido no haber dicho nada.

 

La declaración de Karla ha sido una ficha de dominó del movimiento #Metoo que cruzó la frontera de Estados Unidos y vino a caer en México. Representa un ejemplo de motivación para otras mujeres del país para que hablemos de nuestras experiencias de abuso, nos permitamos sanar y denunciar si así lo decidimos. También que al escuchar los testimonios de otras mujeres que han pasado por situaciones similares a las nuestras, nos demos cuenta que esto no son sólo experiencias personales sino problemas sistémicos. Necesitamos nombrar las cosas por su nombre por más que nos duela e incomode, porque lo que no se nombra, no existe.

 

Somos las mujeres las protagonistas de la redefinición de nuestro valor en la sociedad, Karla ha podido hablar porque el contexto social lo ha permitido, como lo dijo Leila Guerriero, “no se habla cuando se quiere, sino cuando se puede” y actualmente es el momento idóneo de continuar la cadena de revelación y protesta. El feminismo, internet y la socialización de los Derechos Humanos son herramientas fundamentales con las que contamos actualmente para continuar la lucha y resistencia. Decir todas juntas time´s Up.

Sobre el autor

Andrea Valenzuela

Andrea Valenzuela, estudiante de Relaciones Internacionales en la UABC. Es directora del taller Ajef femenino Marie Curie y coofundadora de féminas, organización de feminismo latinoamericano. Ha participado en diversos espacios feministas en ponencias, talleres y conferencias.

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