VALLE DE GUADALUPE DEBE SER EJEMPLO DE SUSTENTABILIDAD, NO DE TRAGEDIA AMBIENTAL

VALLE DE GUADALUPE DEBE SER EJEMPLO DE SUSTENTABILIDAD, NO DE TRAGEDIA AMBIENTAL

El Valle de Guadalupe debe ser un ejemplo de desarrollo sustentable y no permitir que malas decisiones lo conviertan en una tragedia para la sustentabilidad y el ecosistema, porque lo que allí sucede no es responsabilidad solo de sus habitantes, sino de todos los proyectos de inversión que llegan a la zona.

Así lo dijo José Carmelo Zavala Álvarez, titular de la Subsecretaría de Desarrollo Sustentable (SDS) del Estado, destacando que el uso de suelo es una estrategia clave, pero es evidente que los tres órdenes de gobierno no han sido lo efectivos que se requiere, porque el plan de reordenamiento territorial o ecológico no se ha respetado lo suficiente.

En entrevista con el Centro de Innovación y Gestión Ambiental (CIGA), remarcó que el agua es un reto para el estado y las casi 3 mil hectáreas del Valle de Guadalupe no son la excepción y, si bien, la factibilidad técnica de llevar un metro cúbico por segundo de agua de reúso podría duplicar las tierras de cultivo de viñedos, esto podría ser una mejora o un camino al abismo.

“Respecto a la seguridad hídrica, ya dijimos que los acuíferos están en rojo, el control sobre los pozos es muy poco, es muy difícil encontrar los pozos irregulares escondidos y la micro medición es escasa para saber qué tanto se está extrayendo, lo que sí estamos viendo es que el nivel del acuífero va bajando y bajando”, enfatizó el subsecretario.

Tenemos casos dramáticos, añadió José Carmelo Zavala, en el valle de San Quintín y en otras regiones, las cuales nos ponen en alerta para actuar con mayor disciplina y con mayor severidad sobre las cosas que están sucediendo allí, por lo que una medida que debe considerarse es la capacidad de resiliencia del ecosistema.

La resiliencia, ejemplificó, se refiere a esta capacidad del ecosistema de –una vez que se le quita la presión– regresar a su estado original, es algo similar a lo que ocurre con una liga, que puedes estirar y cuando la sueltas regresa otra vez a su estado original, pero desde luego tiene un punto de quiebre, si la estiras de más la vas a romper.

Esto implica, enfatizó, que en esa medida se debe establecer una línea base, para poder decir este es el estado al que quiero regresar, o el que quiero mantener, para que así exista desarrollo y aprovechamiento, pero se realice en la medida que el ecosistema puede asimilarlo y restablecerse, se debe tomar esto en cuenta para lograr la sustentabilidad.

“Debemos construir cadenas productivas sustentables alrededor de la industria vitivinícola, porque no solo se trata del Valle de Guadalupe, hay varios sitios donde este concepto de desarrollo no debe ser un ejemplo de la tragedia por venir, sino de sustentabilidad: está Valle de las Palmas, Santo Tomás, San Vicente, Valle de La Grulla y Ojos Negros”.

Comentó que otro desafío futuro para la zona es el cambio climático, según los resultados que arrojó un ejercicio hecho hace años por El Colegio de la Frontera Norte y el Centro de Investigación Científica y de Educación Superior de Ensenada, que aplicaron la metodología del Panel Intergubernamental de Cambio Climático (IPCC) de la ONU.

Recordó que el IPCC tiene diferentes modelos para pronosticar el impacto del cambio climático, por lo que El Colef y el CICESE utilizaron varios de los veintitantos modelos que tenía el IPCC en ese momento y con los datos climatológicos duros locales ajustaron para ver cuál de esos modelos describe mejor lo que está sucediendo aquí.

“Encontraron cosas que ya deberían tenernos en alerta; se proyectaba que al final de este siglo, las condiciones del clima ya no permitirían los exitosos viñedos en Valle de Guadalupe y esa región se movería hacia Ojos Negros; debemos pensar seriamente en los efectos del cambio climático en la escala local y decidir hacia dónde queremos ir”, alertó.

El titular de la SDS, una dependencia de la Secretaría de Economía y Turismo Sustentable (SEST), destacó las aportaciones hechas el pasado 12 de agosto por Norma Borrego Pérez, al participar como expositora en el Seminario Permanente de Desarrollo Sustentable, que la SEST y el CIGA transmiten los jueves a las 6 de la tarde a través de Facebook y YouTube.

Recordó que Norma Borrego, quien es coordinadora de proyectos estratégicos y procuración de fondos para la Fundación Elías Pardo de Bodegas de Santo Tomás, expuso el tema “Regiones vitivinícolas y desarrollo sustentable: Retos y Perspectivas”, en la sesión número 32 del Seminario Permanente de Desarrollo Sustentable.

“Algo que destacó Norma Borrego es que no pueden venderse terrenos menores a cuatro hectáreas y eso es obvio que está sucediendo, ya hace unos pocos años entraron en conflicto con el gobierno municipal por fraccionamientos porque se iban a construir casas como si fueran colonias, eso puede ser una tragedia para el Valle de Guadalupe”, sentenció.

Atrás de estos bellos y verdes viñedos yace la tragedia, la ambición y la amenaza ecológica.

Estas organizaciones de vitivinicultores del Valle de Guadalupe, opinó José Carmelo Zavala, se han puesto verdaderamente activas para poder conservar el ecosistema, porque no hay negocio a largo plazo si no hay sustentabilidad, para que no nos suceda como con el COCOTREN, el programa de ordenamiento territorial Tijuana-Rosarito-Ensenada.

“La idea era que a unos cien metros de playa no debía haber construcciones de más de cinco pisos, para así poder ampliar la franja útil turística de la costa y conservar el paisaje de costa, pero desafortunadamente hemos visto que la costa entre Ensenada-Rosarito-Tijuana se ha convertido en gigantes edificios a la orilla del mar, que desgracian el paisaje”, explicó.

Nos preocupa, añadió, la desigualdad, el bienestar de las comunidades, ha llegado mucha inversión económica al Valle de Guadalupe, pero la distribución es desigual, a algunas comunidades no les ha llegado esa derrama, siguen muy rezagadas, nos preocupa que se vuelvan polos de alto turismo, como Los Cabos, con cinturones de miseria alrededor.

Vemos en Valle de Guadalupe, agregó, una gastronomía, hotelería, viñedos, con unos precios que resultan exorbitantes para la economía promedio de los ciudadanos, y a un lado estas pequeñas comunidades o núcleos, en condiciones de pobreza, creo que eso también es un elemento que debe considerarse para la sustentabilidad en el Valle de Guadalupe.

“Hemos hecho esfuerzos, seguro no suficientes por el tamaño del reto, para que, por ejemplo, comunidades como San Antonio Necua tengan una economía de sustentabilidad, estamos desarrollando allí un jardín botánico, comunidad productiva y vivero de plantas nativas, faltan más proyectos que distribuyan el bienestar que llega a esta zona”, finalizó.

jcmedios